En ‘Óscar Castro. Cartas inéditas’ se puede encontrar el retrato más íntimo del poeta rancagüino a través de una multitud de cartas de amor dirigidas a quien se convirtiera en su amada entre enero y octubre de 1933: Estela Sepúlveda.

Este nuevo título, publicado por Ediciones UC, ofrece una recolección epistolar entre Óscar Castro durante casi un año con quien sería su musa y centro de atención: Estela Sepúlveda, a quien conoció mientras ella se encontraba de vacaciones. A partir de su separación, pues ella vivía en Santiago y el poeta en Rancagua, nace una aventura literaria en la que el poeta expone su lado más íntimo a través de una correspondencia marcada por el anhelo y la posterior desdicha de no poder consolidar la relación entre ambos. “No he comenzado todavía a decirle todo lo que quería, Estela. Y sin embargo, debo concluir esta carta. Pero antes quiero que oiga usted por una vez más esto que es para mí una oración: ¡La amo! ¡La amo con toda mi vida!”, puede leerse en sus cartas, en las que se haya un lenguaje único, que nos confirma que no todas las cartas de amor son iguales. Entre ellas se encuentra una reflexión sobre la pasión y la espera, con el objetivo de salvar la distancia que separa a ambos.

Con este libro se expande el universo literario de Óscar Castro a través de una nueva visión sobre el autor marcada por la juventud de quien escribió estas cartas con solo 22 años. El Decano de la Facultad de Letras de Pontificia Universidad Católica de Chile, Patricio Lizama, quien realizó el prólogo de la obra, señala que “Óscar convierte a Estela en su sustento de vida y le envía cartas para tenerla cerca y por una necesidad imperiosa que lo supera: escribir”.

Además de sus cartas pueden encontrarse siete poemas en los que el eje de atención es la propia Estela, quien se convierte en una figura trascendente para el autor. Ejemplo es el poema ‘El recuerdo de Estela’ que comienza de esta manera: “Porque la quiero tanto / bendigo este dolor de haber nacido. / Por el milagro de sus ojos magos / yo no me hallo tirado en el camino / vencido bajo el peso de mi cruz”.

“El amor de Óscar por Estela, en su dimensión más sensual, no logra ser decible de manera abierta porque la experiencia amorosa se espiritualiza; desde esta perspectiva, en las cartas se puede leer una ausencia de especificidad sexual pues el eros está sublimado”, explica Lizama, lo que se confirma en la prosa de Castro: “mi adoración quiere ser pura como una sonrisa de niño”.